Hoy publicamos una reseña que viene publicada por José María Rondón para el Diario El mundo, que nuestro amigo, el poeta Francisco Acuyo también ha publicado en su blog.

“Maloliendo la historia contemporánea española y reduciéndola -por arte de metro y rima- a una sucesión de anécdotas de lupanar y sangre, [Blas de] Otero pretende, a codazos, situarse en la primera fila de los poetas tremendistas, ilusionado sin duda con la idea de sentar plaza en la posteridad como el bíblico Walt Whitman del descontento seudohispánico”.

En estos términos despachó la Oficina de Prensa y Propaganda de la embajada de España en Buenos Aires la publicación en 1962 en la editorial Losada del libroHacia la inmensa mayoría, que reunía cuatro poemarios anteriores de Blas de Otero, entre ellos los fundamentales Pido la paz y la palabra y Ángel fieramente humano.

El ‘avance informativo’, el primer juicio al que se somete el volumen, es una brutal reseña, acaso la más extravagante jamás escrita sobre Blas de Otero. En el texto -dado a conocer en el primer número de la revista granadina Entorno literario– se acusa al poeta bilbaíno, con fino estilo, de sufrir “lepra mental”, de odiar “todas las formas de belleza y grandeza” y de sufrir “la pobre desesperación de Caín en estado de postguerra”.

La publicación literaria atribuye el texto al consejero de información de la embajada, José Ignacio Ramos Rey, director de la Oficina de Prensa y Propaganda. “[Blas de Otero] sufre la más triste de las situaciones en las que pueda caer un poeta: la de hacer profesión de rascarse en el muladar de la desgracia; el muladar de donde alguna vez escapa el do de pecho de la blasfemia cívica, que ni siquiera alcanza a la categoría de angustia”, sostiene el censor.

El brutal desprecio de Ramos Rey por Blas de Otero es, por otra parte, lógico. Todos los libros contenidos en la recopilación Hacia la inmensa mayoría sufrieron algún modo de censura. Por ejemplo, Ángel fieramente humano fue excluido del premio Adonais en 1949 por motivos de heterodoxia religiosa tras la denuncia de un miembro del jurado. Y En castellano se publicó consecutivamente en París, México DF y Buenos Aires ante la imposibilidad de hacerlo en España. El telón de silencio levantado en torno a Hacia la inmensa…sólo caería con la llegada de la democracia, cuando la editorial Lumen lo publicó en 1977.

Ensañamiento de la censura

Pese al ensañamiento del censor con Hacia la inmensa mayoría, no es un caso único en Blas de Otero. Otro tanto de lo mismo le ocurrió a otra recopilación de título similar, Con la inmensa mayoría (1960), también en Losada, que sólo reuníaPido la paz… y En castellano.

Basta consultar la solicitud de importación del libro, que se conserva en un expediente -el número 3.649- en el Archivo General de la Administración. Sobre este libro, el censor anota: «Sin antecedentes. Una colección de magníficos poemas. Pese a una temática disímil y heterogénea, el vértice de un buen número de canciones de España, y varias tienen un carácter político grave».

Sin embargo, en este informe, dado a conocer por la profesora Lucía Montejo Gurruchaga, el censor fija su atención en el poema titulado ‘La va buscando’ y, en especial, la estrofa -“la más grave del libro”, expone- que dice: Dos Españas frente a frente./ Al tiempo de guerrear,/ al tiempo de guerrear,/ se perdió la verdadera./ Aquí yace/ media España./ Murió de la otra media. El epígrafe le da pie para apoyar en él “la repetición de nuestra historia, la lucha fraticida”, sostiene el firmante del informe, el agustino y censor eclesiástico Miguel de la Pinta Llorente, quien denegó, lógicamente, la importación.

Hasta la abolición del órgano represor, todos los libros de Blas de Otero se toparán con el lápiz rojo del censor. Acaso el asunto más llamativo es lo ocurrido con el volumen Que trata de España (1964), gravemente mutilado. En este caso, la censura obligó al poeta a suprimir más de la tercera parte del libro. Incluso las antologías -tanto las preparadas por el propio autor, como las que sobre su obra dirigían otros poetas y críticos- tuvieron serias dificultades. También algunas revistas o sus directores fueron sancionados por incluir versos del bilbaíno.

En alguna ocasión, Blas de Otero se refirió a la censura, que sufrió con dureza a lo largo de toda su trayectoria. «La censura -aseguraba en 1976- es un obstáculo terrible, capaz de condicionar, coartar y, en ocasiones, hasta de hacer callar. Además, la censura genera la autocensura… La censura fue aprendiendo a leer y resultó que el poeta que tuviera interés por publicar en España se encontraba con el problema de que, si escribía tal y como las palabras le iban saliendo, aquello se convertía en algo impublicable. No había otra solución que la obligada de corregir los poemas. Se acaba por adquirir una práctica muy eficaz…».

Origen: La censura, contra Blas de Otero: ‘Su lepra mental, su odio hacia la belleza…’

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